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Columna del CEJA, edición 6, abril de 2014

En la columna de este mes del CEJA (Consejo Europeo de Jóvenes Agricultores), Massey Ferguson conversa con Matteo Bartolini, el presidente del CEJA, acerca de los vínculos entre la nutrición, los hábitos alimentarios y la cadena alimentaria.

MF: ¿Es la legislación sobre alimentación de la UE la responsable de la subida de precios de los alimentos?
MB: Todos nosotros, como consumidores europeos, queremos alimentos seguros y de calidad alta. La UE desempeña un función crucial en esta cuestión. La Comisión Europea supervisa el nivel necesario de armonización jurídica con el fin de evitar la distorsión de la competencia entre los Estados miembros. Un conjunto de normas comunes para los 28 Estados miembros es menos problemático y costoso que 28 conjuntos de normas y regulaciones completamente distintos. Así que diría que las normas de la UE permiten una competencia sana, lo que podría fomentar la bajada de precios. La mayor parte del tiempo, el motivo de los precios altos es la extensa cadena alimentaria, no la regulación de la UE.

MF: ¿Está de acuerdo en que para los consumidores el coste de los alimentos, en contraposición con las consideraciones sobre calidad y valor dietético, es el factor determinante al comprar comida? ¿Qué podemos hacer para cambiar los hábitos alimentarios de la gente?
MB: Un alimento más barato no siempre es sinónimo de un alimento no saludable, y también debemos tener en cuenta que los hábitos alimentarios a menudo dependen de las distintas culturas que existen en la Unión. Los ciudadanos de la UE deben ser conscientes de que cumplir los requisitos más estrictos, tal como hacen los agricultores de la UE, puede sin duda contribuir a unos precios más altos ya que el coste de producción de los agricultores europeos aumenta en proporción directa. Los europeos exigen una alimentación de buena calidad, es decir, quieren saber lo que comen y cómo se han producido los alimentos. Debido a la presión de la ciudadanía, la UE ha puesto en práctica una serie de herramientas diseñadas para evitar los casos de fraude alimentario, como el reciente escándalo de la carne de equino. Hoy en día, la información juega un papel crucial y por ese motivo la UE ha ideado iniciativas de salud y educación relacionadas con los hábitos alimentarios. También estoy al tanto de que algunos Estados miembros han tomado medidas para afrontar el creciente problema de la obesidad y otras enfermedades relacionadas con una alimentación no saludable. De hecho, en los últimos años hemos presenciado un aumento del consumo de productos orgánicos, un indicador claro de que los consumidores están dando prioridad a la calidad por encima del precio. Por todo ello me alegra decir que las señales parecen ser positivas.

MF: ¿Cuál es su opinión sobre la afirmación de que las granjas pequeñas son menos sostenibles que sus contrapartidas de mayor tamaño?
MB: Aunque en ocasiones es así, no significa que sea la norma. Las granjas pequeñas también pueden ser modernas y sostenibles. La UE apoya a las granjas pequeñas proporcionando fondos para la modernización e inversiones para garantizar que no sean contaminantes así como su viabilidad económica. Nuestro punto de vista sobre esta cuestión es que, independientemente de su tamaño, el objetivo de las granjas tanto grandes como pequeñas debe ser producir de forma sostenible. La realidad actual es que la escasez cada vez mayor de recursos naturales no ofrece a los agricultores muchas alternativas. La agricultura europea no es solo una cuestión de granjas pequeñas o grandes. Es fundamental poder disponer de una combinación de ambas como parte de la cultura de la agricultura europea.

MF: ¿Cree que el poder de negociación de los agricultores europeos se ha reducido con el paso de los años? ¿Cuáles cree que son los motivos de esta tendencia y qué pueden hacer para disponer de un mayor control?
MB: Los agricultores europeos ejercen un control muy pequeño sobre el coste final de sus productos. Las prácticas anteriores no han conseguido proporcionar a los productores unos precios razonables en el sitio de producción, y a menudo los agricultores solo reciben una fracción de lo que paga el consumidor. Sin embargo, los agricultores jóvenes especialmente están intentando acortar esta cadena y encontrar soluciones innovadoras para compensar la falta de poder de negociación. Los agricultores jóvenes emplean métodos como la venta directa para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria y, al mismo tiempo, acercar los consumidores a los productores y proporcionarles una mejor comprensión acerca de dónde y cómo se producen sus alimentos. Además, muchos agricultores jóvenes intentan aumentar la colaboración con los demás formando cooperativas u otras organizaciones productoras. El objetivo es maximizar su poder de negociación, así como fomentar sus propias estrategias de marketing e iniciativas empresariales. Todo esto está sucediendo en un mercado competitivo en el que aumenta la demanda de alimentos seguros, diversos y de calidad alta. Se trata de un problema reconocido por la Comisión Europea, que está tomando medidas para resolverlo. Necesitamos más iniciativas como estas. Los agricultores jóvenes están expresando la necesidad de un mayor apoyo en los que se refiere a formación e información para el consumidor, para permitir que los agricultores sean fijadores de precios en vez de seguidores de precios.

Si desea contactar con el Sr. Bartolini o el CEJA, puede enviar un correo electrónico a allusers@ceja.eu

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